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Este viernes era un día normal, nos juntamos con unos amigos en nuestro departamento, que está en el piso 11 de un edificio nuevo de la comuna de Ñuñoa, por eso tenemos muy pocos vecinos y somos los únicos que estamos en ese piso. Nuestros amigos se fueron a las 2:30, después del insufrible recital de Ricardo Arjona en el Festival de Viña del Mar. Nos acostamos con mi mujer, que está embarazada de término (el próximo lunes 8 nace mi hijo).

Al rato me despierto por un violento movimiento del respaldo de mi cama con la pared, en cosa de segundos me pongo de pié y me doy cuenta de que no era un simple temblor, la despierto y le digo que caminemos hacia la escalera, unica vía de emergencia del edificio. Ella se levanta de la cama y el movimiento comienza a ser mucho más fuerte. Desde nuestra pieza hasta la escalera de emergencia hay unos 20 metros, que esa noche se volvieron una enormidad. Mientras avanzábamos por el pasillo y nos golpeábamos con la pared, se veían explosiones en la calle, sonaban las alarmas, se prendían, apagaban las luces, se abrían las puertas, veíamos como todas nuestras cosas se rompían y lo que era más terrible, veiamos caer trozos de muralla.

Llegamos a la escalera de emergencia, el movimiento no paraba y desde ahí recuerdo que dejamos la puerta abierta y no tenía las llaves, así que le digo a mi mujer que me espere un segundo, ella llora que no la deje sola, pero no veo alternativa así que corro de vuelta al departamento y encuentro inmediatamente las llaves en la cocina, no sin antes cortarme el pie con los vidrios rotos del piso.

Una vez que terminó el movimiento bajamos los 11 pisos por las escaleras, al llegar abajo estaban todos nuestros vecinos, nosotros somos los que vivimos más arriba. La gente lloraba, no había luz, estábamos todos en ropa interior o pijama, nadie entendía nada. Mi mujer me dice que tiene hace frío, y ahí decido volver rápido al departamento a buscar ropa, las llaves del auto y los teléfonos… Aún me cuestiono si era el mejor momento para hacerlo. Subí corriendo al piso 11, corté la luz por si acaso, la llave del lavaplatos estaba corriendo. Y comencé a meter ropa en la mochila, el computador, los celulares, cargadores y las llaves del auto. Fue en ese momento cuando abrí la ventana y la vista hacia el estadio nacional era terrible. Se veían explosiones y humo, se escuchaban gritos y alarmas. Justo en ese momento comienza una replica, y con eso el movimiento en el departamento. Corro con las cosas en la mochila y veo la TV colgando, sostenida sólo de los cables, la desconecto y dejo en el sillón. Luego salgo corriendo por las escaleras de emergencia.

De eso ya han pasado 48 horas, esa noche la terminamos durmiendo en el auto, gracias a Dios mi mujer y mi hijo se encuentran en perfecto estado, y nuestros familiares nos recibieron ya que no podemos volver al departamento porque aún no hay luz ni agua en el lugar. Sólo después de unas horas, en la radio del auto pude dimensionar la gravedad del terremoto, uno de los más fuertes que han pasado en la historia. A nosotros no nos pasó nada, y nuestras perdidas materiales son ridículas comparadas con los de las miles de personas que quedaron sin hogar, o simplemente no sobrevivieron.

Lo único que agradezco es que estaba junto con mi mujer a esa hora, ella de día está sola en el departamento, y que todos mis familiares y amigos se encuentran bien. Otra vez la naturaleza pone a prueba a los chilenos, y creo que pese a todos los problemas y perdidas que sufrimos, estamos bien… Sobrevivimos y nuestro país está en pié.

Fuerza Chile!