Hoy, hace unos minutos, a las 6PM, en algunos estados que tienen la misma zona horaria que Chile, salió a la venta el iPhone, y en las próximas horas varios estados harán lo mismo. Cientos de miles esperan en línea para tener uno, hasta a Leo Prieto se lo tragó la máquina. Pero por lo menos a mí, el aparatito me tiene chato.

Soy un fan de Apple, me encantan sus productos (objetiva y racionalmente, claro). Era un fan del teléfono que anunciaron hace como seis meses. Conozco la interfaz como si la hubiera estado usando hace un buen tiempo ya, sé qué puede hacer y qué no puede hacer, sé incluso que tiene un cronómetro y un temporizador que se ven geniales, y pienso que, en general, es un producto increíble. Pero he visto tantos videos, tantas fotos, he leído tanto sobre él, que ya no puedo más.

Hoy es la hora de la verdad. Hoy se materializa esta cosa para los simples mortales. Pero, ¿es para los simples mortales? Por supuesto, siempre y cuando estos simples mortales vivan en EE.UU., estén dispuestos a pagar US$500 sólo por el aparato y a amarrarse por dos años con una compañía celular pagando, cuando menos, US$60 mensuales para mantener la gracia ésta.

Es esto, la realidad lejana y extremadamente prohibitiva, acumulado al exceso vomitivo de información y de cobertura en cada sitio remotamente relacionado al montón de circuitos con un logo de Apple cromado (disculpen por no ser la excepción) lo que me hace tener asco del iPhone y estar feliz de que por fin, con el hecho de que salga al mercado, se acabe toda la tormenta y Apple pueda por fin volver a hacer Macs geniales y a ponerse las pilas de una buena vez por todas con el iPod.

Es la opinión de un humilde editor de Huasonic.