¿Aló?Aún cuando lo motearan de ladrillo, fósil o adefesio, siempre me sentí orgulloso de mi fiel Nokia 5120. Puede que fuera grande para los estándares actuales, tener una pantalla con el carisma de un cajero automático y ser tan polifónico como un ukelele… pero su menú era claro, en tres años jamás me había traicionado cuando lo necesité, mientras que su batería seguía proporcionándome dos a tres días de energía. ¿Qué más podía necesitar?…

Por eso, cuando Claudex me contó a principios de diciembre que Movistar le había enviado un elegante ultimátum ‘invitándole’ a cambiar pronto su equipo so pena de ‘invitarlo’ a marginarse del progreso, supe que había comenzado la cuenta regresiva…

En realidad, lo supe desde que aquella ‘M’ gusanesca se apoderó del bastión que BellSouth había significado al proporcionarme un servicio fuera de los estándares de este país. Y como tener una compañía telefónica capaz de respetarte o resolver tus problemas con diligencia es demasiado bueno para ser verdad, apreté los dientes cuando se cerró su venta a aquella oda a la displicencia que era Telefónica Móvil.

En enero fue el turno de mi amigo Renán cuando su teléfono sufrió un súbito cuadro de autismo. En la sucursal de Movistar le anunciaron el diagnóstico lapidario: obsolescencia aguda.

– ¿Y cuándo me darán otro equipo? – preguntó haciendo valer su contrato.
– Lo siento, pero no es responsabilidad nuestra. Debe comprar otro – sentenció la ejecutiva.
– ¡Pero cómo, si ustedes me quitaron la señal!
– Pues aléguele a BellSouth por vender su compañía y tener redes viejas…

Tras comprender que hacer enojar a un militar con entrenamiento de comando no es compatible con la vida humana, la ejecutiva accedió a entregarle un teléfono nuevo sin costo, pero me dejó en claro que no serían tan altruistas con un humilde usuario de prepago.

Cuando la llamada de la muerte llegó a mediados de marzo, estaba preparado:

– Buen día. Lo llamamos pues su teléfono quedará obsoleto en las próximas semanas y estamos ofreciendo la posibilidad de que cambie a un plan por sólo…
– Ahá, entonces me están chantajeando – le interrumpí.
– ¿Perdón? – respondió el sujeto.
– Claro. Si me amenazan con quitarme el servicio para que les compre un plan entonces me está chantajeando – protesté.
– Como sea va a tener que cambiar su teléfono.
– Lo pensaré.
– Como guste… – concluyó en tono sutilmente amenazante.

No me habría extrañado hallar una cabeza de caballo en mi cama al día siguiente.

Por aquel entonces y entendiendo que para muchos clientes de prepago nos era más atractivo saltar a otra compañía que a un plan, Movistar comenzó a ofrecer la ‘posibilidad’ de conservar el número antiguo al renovar el equipo (hay que agradecerles la deferencia pues en Estados Unidos es un derecho legal desde 2003, incluso al cambiarse de una compañía a otra). Como no me pareció gran aliciente, decidí seguir estirando el elástico.

En abril me llamaron nuevamente, pero esta vez fue una voz femenina:

– Lo llamamos para ofrecerle un plan que…
– Lo siento, no me interesa.
– Es que su teléfono va a dejar de funcionar…
– De verdad no me interesa.
– Entonces podemos enviarle un cupón por 20 mil pesos de descuento.
– ¿Dijo descuento?…

Con la condición de que renovara mi equipo en Almacenes París, Movistar me rebajaba 20 mil pesos, dándome otros 20 mil en llamadas y 50 mensajes de texto, además de conservar mi número.

Bueno, después de todo mi Nokia 5120 ya estaba viejo…